Consciencia uterina

Consciencia uterina
Es fascinante y misterioso a la vez, pensar que un ser pueda engendrar a otro. Que dentro de él hay un espacio adecuado, único, con una inteligencia innata, dónde todo se dispone y se propicia para la vida.
Comencemos por el inicio: La mujer. A priori, es un ser fértil, completo y capaz de aportar todo lo que el cigoto necesita para su evolución. Del útero al mundo.
Útero, etimológicamente este vocablo viene del latín uterus, que a su vez viene del indoeuropeo udero(panza). Anatómicamente es un órgano hueco, cuya cavidad es aplanada de adelante hacia atrás, está tapizada de mucosa, destinado a recibir el huevo fecundado,  albergar el feto durante la gestación y a expulsarlo en el momento del parto.
Como mujeres que somos, es importante conocer de lo que hablamos, conocernos de manera que podamos visualizarnos y así apoyarnos a la hora de trabajar en nuestro cuerpo, con visualizaciones, con el tacto, en consciencia. Esa conciencia, que encontramos en las culturas ancestrales alrededor del planeta. Nuestro útero presenta una similitud con el árbol de la vida. Esta analogía ha sido muy representada en las diferentes culturas, a nivel mitológico, folklórico o religioso como un árbol sagrado dador de vida, contenedor de toda la sabiduría y vida contenida en el Universo. Los egipcios, en su panteón mitológico, por ejemplo, adoraban a Nut,  la cual ostentaba, entre sus títulos, como “la grande que da nacimiento a los Dioses”, “la Diosa creadora del universo físico”. Representaban al Universo (específicamente la bóveda celeste) como el útero de la  Diosa.
 Nos encontramos pues, sobre la pista de la fuente de la propia vida, del camino de  regreso a casa. Nuestro útero, heredero del legado de todos los úteros que nos precedieron. Úteros de nuestro sistema que estaban aquí antes que nosotras.
Poco se ha estudiado sobre el útero fuera de su papel en la reproducción. Podemos afirmar que coloquialmente, cuando el útero deja de desempeñar el papel de albergador de la vida que se forma en su interior, deja de tener importancia para la medicina moderna. Conceptualmente hoy, quedan residuos filogenéticos de una sociedad patriarcal, que define que una  mujer cuando deja de ser fértil, que ya ha cumplido con ese siclo de la vida y pasa por la menopausia, pasa a ser sinónimo de vieja, de arrugas, de cintura ancha, de poco atractiva, de vida sexual escasa o inexistente. Este echo está dejando una huella en el sistema social femenino, donde, en compensación sistémica están proliferando los cánceres del cuello del útero, de ovarios, endometriosis o miomas. ¿Para qué? Para que llevemos nuestra mirada a nuestro cuerpo de mujer, para que rescatemos nuestra sabiduría de ser mujer y volvamos a hacer habitable nuestros úteros, con la llama de cada una de las fases que pasamos como mujer. Tal como Jean Shidona Bolen escribe en sus obras -Las Diosas de cada mujer y en Las Diosas de la mujer madura- : “…una vez que la mujer se vuelve consciente de las fuerzas que influyen en ellas, obtiene el poder que ese conocimiento proporciona. Las diosas son fuerzas poderosas e invisibles que moldean la conducta e influyen en las emociones.”
En base a lo dicho, podemos afirmar dos cosas:  De la consciencia se obtiene el poder, vocablo masculino que nos da la facultad de ejecutar una acción.  Y si esa fuerza inspirada no se hace presente en cada una de las  fases de nuestro ser mujer,  nos puede generar  una emoción no resuelta, enquistada, estancada. Dando como resultado a diferentes trastornos de la esfera ginecológica.
 ¿A qué se debe la proliferación de tantos trastornos en la esfera ginecológica? Tal como afirmó el Dr, Hamer una emoción genera una impronta en nuestro organismo, una bioquímica específica.  Si es positiva gozaremos de salud y bienestar, nuestros órganos mantendrán un adecuado funcionamiento. Sin embargo si es una emoción negativa, reprimida, mal llevada, ésta genera una información la cual el organismo somatiza de manera inconsciente la emoción en forma de enfermedad o desequilibrio funcional.
Siguiendo con Jean Shidona, “ Cuando una mujer sabe qué fuerzas son las que las dominantes dentro de ella, adquiere autoconocimiento, sobre la fuerza de ciertos instintos, las capacidades, las prioridades e incluso encontrar el propósito personal…”
Recuerdo un día en mi consulta, una paciente que venía por depresión, me decía: – Sabe una mujer nace para tener hijos, y cuando nacen sabe a qué ha venido-  y continuaba:- Desde que se me fue la regla, pasé a sufrir dolores por todo mi cuerpo, ahora  después de unos cuantos años de padecimiento, ya no sirvo para nada-  Es obvio que el legado de esta mujer, viene muy relacionado con la herencia de su árbol, de que las mujeres son para procrear.
 ¿Dónde queda su poder? : “…se me  fue la regla”.
¿Está diciendo que se le fue el poder? ¿Su  capacidad de realizar acciones? Con sus dolores posiblemente se recuerda su creencia que ya no sirve para nada.
Es un claro echo de la inconsciencia de que posee un  árbol dador de vida, el cual lleva en su vientre. Ignora que como todo ser, pasa por diferentes fases y que ahora en su madurez,  sería Hestia en su fase madura (Diosa del fuego del hogar) la representación de la sabiduría meditativa.
Recordando este caso. Reflexiono. Hoy existen infinidad de  mujeres jóvenes, en edad fértil, posibles futuras madres, que no pueden concebir por si mismas y que tienen que recurrir a las inseminaciones in vitro, la donación de óvulos, entre otras opciones. Lo más sorprendente y que más me llama la atención es que ¡Están sanas! Al igual que sus parejas. Médicamente  no presentan ningún trastorno. Sin embargo el bebé no viene. El útero no es habitado.
Siguiendo con mi reflexión. ¿Cuál será su herencia? ¿Cómo será su autoimagen como mujer? ¿Está educada para verse más allá del ser mujer joven? ¿Está preparada para los cambios que le llegan en poco tiempo cuando gesta? ¿Cuánto proyecta en su futuro bebé? ¿Es consciente de que ella es el fruto de un sistema de estereotipos y creencias?
«…La vida y su acontecer…la consciencia y el encuentro del sentido de la vida»

 

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