El sentido biológico de las emociones

El sentido biológico de las emociones

 

Somos seres comunicadores por naturaleza. Cuando no expresamos lo que sentimos, cuando no se elabora lo vivido y no se expresa, las emociones quedan bloqueadas, retenidas en el nivel biológico correspondiente, pasando a ser memorias corporales inconscientes (MCI).

En algún momento dichas emociones buscarán la vía de manifestación en forma de ansiedad, tristeza, etcétera en algún momento como si no vinieran a cuento. Sin embargo, es nuevamente el intento del cuerpo que busca restablecer la homeostasis y seguir con el proceso de la vida. Si no atendemos  dichas «nuevas» manifestaciones, el proceso de supervivencia sigue su curso y pasará a somatizarse en tal o cual órgano, según el sentido emocional que haya tenido el conflicto original, generador del proceso, para nosotros.

Ahora bien ¿Cómo podemos conservar el estado de salud frente a los conflictos vividos?

Es básica la conciencia emocional, esto es, qué siento yo cuando el otro me insulta, cómo siento el cuerpo mientras el otro me reclama más atención por ejemplo o  en dónde en el cuerpo siento la noticia de un fallecimiento, etcétera.  A partir de esta consciencia, podemos dar una vía de salida a la emoción emergente, al conflicto biológico que desarrollado desde el propio cuerpo.

Lo primero que se puede pensar al leer  estas afirmaciones, es que es fácil decirlo sin embargo difícil de ser consciente de ello frente ciertas experiencias. Sin embargo la consciencia emocional y corporal se entrena, se trabaja, se elabora, porque no podemos llegar a sentir una emoción intelectualmente, tenemos que entrar en contacto con dicha emoción, como tal hilo de Ariadna fuera,  hacia la resolución del conflicto. Cuando me acerco desde este abordaje emocional al cuerpo, me estoy acercando a la biología y por tanto seremos conscientes de cómo nuestro cuerpo reacciona, si nos contracturamos o sentimos algún dolor en tal o cual órgano o si apretamos los dietes, si cerramos los puños, si se nos acelera el corazón, si notamos calor en alguna parte del cuerpo, etcétera.

Por ejemplo:

El señor X, llega a la consulta aquejado de mucho cansancio, como si sus músculos no tiraran, además comenta que la comida últimamente le sienta muy mal y lo frecuente es que le duela el estómago.

Cuando le pregunto desde cuando se siente así, comenta que  hace seis meses. Le pregunto qué había ocurrido seis meses antes de los primeros síntomas y me cuenta que cuatro meses antes de comenzar con los síntomas tuvo una acalorada discusión con su jefe frente a otro compañero y que lo pasó muy mal por no poder decirle “cuatro verdades” a pesar de llevar trabajando quince años juntos.

En el caso del señor X, estuvimos elaborando el motivo de la consulta a través de herramientas de enfoque humanista. En el transcurso del proceso, a través de la Gestalt en movimiento, la expresión plástica y la descodificación biológica, el paciente fue capaz de entrar en contacto con el conflicto y pudo expresarse a través de las herramientas facilitadas en un entorno seguro y respetuoso. Como resultado, recuperó su vitalidad, su autoconfianza y ganó en consciencia emocional y corporal.

Es desde este enfoque integrador  podemos dar paso a los procesos internos, para que se expresen; encuentren una vía de salida,  un lugar sano en nosotros y  así sentirnos integrados y coherentes con el sentido de la vida.

 

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