Menstruación, mitos y creencias

Menstruación, mitos y creencias

A lo largo de la historia el sangrado mensual femenino ha estado presente en las diferentes culturas. La menstruación ha sido valorada o rechazada según las distintas creencias inherentes al grupo social al cual la mujer pertenecía. Por ejemplo, ya en la época paleolítica hay constancia de un calendario hecho en hueso de unos 25.000 años de antigüedad. En el mismo se registra el ciclo menstrual femenino y parece que se relacionaba con el éxito de la cacería, por la analogía en la cual en ambos casos hay un derrame de sangre.

Un hallazgo reciente es el de un trozo de piedra hallada en un yacimiento francés, pintada con puntos rojos alineados. Uno de los arqueólogo más famosos del mundo, Nicholas Conard afirma que podría ser un calendario menstrual de hace unos 15.000 años.

Otro ejemplo de lo que estamos comentando se refiere a los Yurok. La tribu de los Yurok de California es una de las más antigua de Norte América. Su religión se basaba en el esfuerzo individual para conseguir bienes sobrenaturales y se manifestaba a través de rituales purificadores personales; pero también colectivos, que trataban de asegurar el bienestar público. El más importante de estos rituales es conocido como Ciclo de Renovación del Mundo, mediante el cual se aseguraba la abundancia de alimentos, riquezas y bienes en el año entrante. Otro punto fundamental entre los Yurok, la sanación espiritual chamánica, estaba reservada a las mujeres, lo cual les otorgaba un alto prestigio en el seno de la tribu. Estas se retiraban diez días al mes durante la luna nueva respetando así su ciclo de sangrado y conexión con la naturaleza.

Por otro lado, en la Arabia preislámica se consideraba la sexualidad y, especialmente a la mujer menstruante, como fuente de polución, de mancilla; como un polo de fuerzas negativas.
En nueva Guinea, en la cultura Arapesh, la mujer menstruante era recluida en habitáculos para que de esta manera no arruinara la cosecha por tocarla o caminar por ella.

La antropóloga Meredith F. Small comenta en un estudio que realizó en dicha tribu lo siguiente: “El paso de niña a mujer está marcado por un flujo de sangre que emana del útero. Sin ceremonias elaboradas, a veces en silencio, las chicas aprenden que cuando empiezan a menstruar su mundo ha cambiado para siempre. Durante más o menos los próximos 30 años tendrán que emplear mucha energía en tener hijos o en intentar no tenerlos, con cada menstruación recordándoles que, en cualquier caso, la biología de la reproducción tiene un impacto crucial en sus vidas”.
A lo largo de los años, muchos antropólogos han subestimado la importancia de la menstruación en la historia de los pueblos.
En la actualidad aún podemos encontrar vestigios de conceptos o creencias equivocadas con relación al sangrado femenino o “tabúes menstruales”. Estos pueden ser de diferente índole; por ejemplo:

• para que no se interrumpa se dice que la mujer no se puede duchar o bañarse mientras tiene la menstruación.
• no tomar limón por el mismo motivo.
• la imposibilidad de hacer mayonesa porque se “corta” al igual que el batir las claras a punto de nieve.
• no tocar las plantas que se marchitan.
Dichas creencias son una manera sutil de aislar e imposibilitar a la mujer en este período. Sin embargo nosotras, las mujeres, con el afán de vernos en igualdad de condiciones y de sentirnos integradas en el ámbito social, estamos siendo objeto de una información subliminal por parte de distintos medios de información. Así, que se vendan tal o cual marca de compresas, donde el eslogan es que “se acabó el olor”, que cuando las usas “ni se notan” o jabones íntimos neutralizadores del “olor”; son ejemplos de que aún en nuestros días se considera que hay algo de impuro y sucio en nuestro ciclo. Se alimenta por lo tanto la imagen negativa sobre nuestro cuerpo. Nos vemos abocadas a cumplir unos cánones de imagen para sentirnos dentro de lo que socialmente está bien visto. Con tanta desinformación, prejuicios y creencias heredadas la distorsión sobre qué es nuestro ciclo menstrual y qué representa realmente está garantizada.

No nos equivoquemos, nuestra naturaleza es cíclica y como tal estamos expuestas a los ciclos de la naturaleza, a las fases de la luna y con ello a cambios en nuestra manera de ser y sentir según cada una de ellas. Cuanto más nos observemos, cuanto más integremos el don de ser mujer en nosotras, más próximas estaremos de nuestra libertad.

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