Nuestro cuerpo recuerda

Nuestro cuerpo recuerda
¿Qué memoria deja el bebé en nuestro útero incluso aunque este no haya nacido nunca?
Desde el mismo instante en que dos cigotos se unen, el embrión es cosncientes de su existencia en el plano físico. Primeramente los impactos de información llegan a él, a través de las vibraciones que recorren el cuerpo de la madre, los movimientos de sus órganos internos y junto a ellos una cascada bioquímica que a medida que se van desarrollando sus órganos físicos de percepción, le servirán para enriquecer aún más el mapa del mundo que le rodea. Un mar de líquido amitótico cargado de nutrientes, en el abrazo protector del útero.
Sin embargo en el proceso de formación del bebé intrauterino, pueden ocurrir muchas cosas. Una de ellas, en casos extremos,  es que la salud e incluso la vida de la madre se vea comprometida, hasta tal punto que la única vía sea el aborto (aquí tendríamos que hilar muy fino)
Y  después ¿Qué ocurre con esta madre? ¿Qué memorias quedan en su útero? ¿Cómo afectan a un posible futuro embarazo?
Tal como menciona el Dr. William Emerson: “La mayoría de las intervenciones obstétricas son, simbólicamente, similares a muchos traumas prenatales; es decir, activan los traumas prenatales de la propia madre”
 
Esto es, los traumas prenatales maternos resurgen durante el embarazo, con miedos irracionales, carencia de vínculo con el propio cuerpo, aumento del nivel de ansiedad y angustia durante la noche y/o con las relaciones de pareja. Llevando implícita la consecuencia  de  afectar el desarrollo de un vínculo sano con el bebé intrauterino, aparte de transmitir  una información bioquímica que generará en el bebé intrauterino sentimientos de inseguridad, inestabilidad, miedo o incluso de rechazo por parte de la madre.
Os voy a contar un caso. Los nombre  han sido cambiados y algún otro dato más a fin de preservar la intimidad y privacidad de los sujetos)
María, acude a mi junto con su marido, ambos interesados en mi trabajo, ya que ella lo había pasado “mal” unos tres años antes. María está embarazada y  me comenta que siente una gran desconexión con su cuerpo y con el bebé que lleva dentro. Dice que nota su vientre duro, rígido, sin movilidad. De echo, cuando la vi entrar a la sala, la sensación fue de una mujer que llevaba sobrepeso, pero no que estuviera embarazada de casi cinco meses como estaba. Cuando le pregunté por su historia vital, me relató que hace tres años, se quedó embarazada por primera vez y al segundo mes le diagnostican un inicio de cáncer en el cérvix. Fue de tan importancia el hallazgo, que a los tres meses de gestación a través de una intervención programada in extremis María abortó. Pasando la angustia de no saber si podrían salvarle su útero. Hoy con esta mujer afable delante de mi,  es obvio que fue viable salvarle su órgano dador de vida.
Ahondé un poco más en la historia vital de esta chica con ojos, que yo interpretaba, como cargados de tristeza. Se reveló el padre de María como un padre ausente y  la madre, una mujer que lo era todo para ella, padre y madre a la vez.
Un viaje hacia lo femenino
Después de otros tantos imprescindibles para el marco terapéutico, le propuse a María hacer un viaje de reconexión con su cuerpo, en un encuadre simbólico, en una incursión sistémica a través de las Constelaciones Arquetipales. En un viaje desde su corazón hacia su útero.
Le pedí a María que ubicara dos figuras arquetípicas dentro de ese espacio. Físicamente ella ubicó su bebé no nacido y su bebé intrauterino, al cual espera, en un espacio representativo del útero. Ella no sabía a quien representaba cada figura. Yo si. La primera figura la colocó en el medio (representando al no nacido) y la segunda figura la colocó en un lateral muy a ras del límite del espacio que representaba el útero. Fue el inicio del viaje para esta mujer joven, con ganas de vivir un embarazo pleno.
En el tránsito de su experiencia, vivió la inseguridad e inestabilidad al salir del propio útero de su madre. Pudo conectar con la oscuridad y lo “pequeño” que era ese útero y la posterior transformación del espacio. Encontrando su fuerza, su firmeza, el reencuentro de la inocencia y la ligereza de sentirse nadando libre en un espacio seguro. María pudo habilitar su propio espacio dador de vida. Su útero. Con la luz de la consciencia,  para que su bebé intrauterino viva en una madre conectada con su cuerpo, con su corazón y con un vínculo sano con él.
Recogiendo las palabras de María: “Me siento más ligera. Ahora tocando mi vientre lo vivo en un contacto más íntimo, con más conexión con mi cuerpo. Me siento tranquila y contenta.”
Cabe decir que desde la limitación que dan las palabras, dentro de una experiencia de tal magnitud, hay muchos detalles y matices que sólo a través de la vivencia directa se pueden palpar e identificar, es imposible describirlo en estas líneas.
Gracias a María y a su marido por sanar lo propio, en un gran acto de amor al ser que pronto vendrá al mundo.

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